Creo que se llama Nemesio
El parque de Berlín no debería llamarse Berlín, ni tampoco debería tener esas secciones del muro de Berlín. Aquella es una ciudad tan llena de historias absurdas y pensamiento cuadriculado estrechamente vinculado a la teleología del poder que creo que, junto a Roma, Moscú, Londres, Beijing, Tokio, París, Bruselas, Madrid, Viena o Washington, podría lucir como una de las ciudades más homicidas del mundo. Bueno, vivo en Madrid. Y el parque es un homenaje de ciudad homicida a ciudad homicida. Lo digo por sus historias políticas y la influencia de sus respectivos poderes en el mundo, tarugos, antes que vuestras sensibilidades comiencen a martillar a este infeliz que solo dibuja en su cueva.
Como decía, el parque de Berlín no debería llamarse Berlín. Debería llamarse el parque de los perritos felices.
Una de las cosas que más me gusta de pasear por ese parque son sus perros y en ocasiones sus dueños. Hay una energía muy positiva en esa relación amo-perro y como un club de gente que ha dejado atrás la miseria homínida, se dedican a lo mejor que se les da: ser felices en el parque de los perritos felices.
Mis padres, cuando me visitan, no salen del parque de Berlín. Siempre amaron a los perros, aunque ahora están más con sus gatos. Les divierte permanecer sentados viendo jugar a los perros felices. Algo parecido me pasa. Por eso lo frecuento y no hay manera de enojarme mientras esté en ese parque. No obstante, hoy fue un día triste. Sobre todo por Pepe, a quien de alguna forma su rutina sufrirá algunos cambios. Espero que no. Pero es lo más seguro.
Es curioso que recuerde a Pepe, un perrito mestizo blanco con manchas negras. No se decir que razas tiene por sus venas. Solo se que tiene mucho de cazador pues ha dado cuenta de varias palomas en el parque. Curioso que sepa su nombre pero el de su dueño no. Un viejecillo con el que siempre me topaba a charlar aunque los últimos meses ya no tanto.
Hablábamos de todo por pequeños espacios de tiempo mientras le hacía algo de cariño a Pepe, pero por esas cosas de nuestro tiempo, nunca le pregunté su nombre, ni el tampoco preguntó el mío. Creo que se llamaba Nemesio. Así le escuché decir a alguien que lo saludó en una ocasión mientras charlabamos. Nemesio. Y sí tenía cara de Nemesio, incluso sentado sobre ese banquito, con sus ojos vidriosos, abrazado por la luz del otoño.
Al principio Nemesio o cómo se llame hablaba de sus cuentos de la mili. Luego de sus nietas que nunca le visitaban. En una ocasión no me saludó, me miró como si fuera un leproso y pasó de largo, al día siguiente me abrazó como si fuera su amigo. En todas las ocasiones mi atención se centraba, mientras hablaba, en Pepe, no en Nemesio o cómo se llame.
Esta mañana divisé a Pepe echado con la vista atenta a Nemesio o como se llame. No cazaba palomas, solo miraba a su amo. Noté que su amo miraba hacia la fuente donde están los bloques de sabrá Dios que sección del muro de Berlín, y no quise prestarle atención. Ya pasaría y trataría de saludarlo cuando terminara mi rutinario paseo. A la vuelta, estaba el Samur y varios paramédicos con curiosos y policías municipales alrededor. Me acerqué y sin mediar palabras la dueña de Mariano, un bulldog blanco con manchas marrones, me dijo: ha muerto.
-¿Y Pepé? Pregunté.
-Lo adoptará la Mari. Se hará cargo de él. Está allá atrás. No quiere apartarse de ese pobre señor.
-¿Tampoco sabe su nombre?
-Pues no. Creo que se llama Nemesio pero no estoy segura. Estimo que ya tenía demencia senil. El otro día nos atacó y por suerte era muy viejo y no nos hizo daño. Gracias a Pepe se detuvo, pues el perrito le llamó la atención interponiéndose entre él y nosotras.
-Pobre- dije, y para variar solté una de mis acostumbradas chorradas: Murió viendo a ese pedazo del muro de Berlín... Es una tristeza.
- Pues sí, es curioso, Juan, el del gran danés blanco y Paco el de los galgos un día me contaron que el padre de ese señor murió ametrallado en el muro de Berlín. Intentó escapar pero no llegó. Su madre y él sí.
-No parecía Alemán.
-No creo que lo fuera. No sabemos. A lo mejor era uno de esos de la guerra civil, republicano o de la división azul tratando de llegar a España o huyendo de aquella calamidad. A saber...
-Maldito muro.
-Y los que falta por construir hijo. Bueno hala, me voy. Esta tarde me visitan los nietos y tengo que hacer repostería. Este caniche y mis nietos ocupan mi agenda. Hasta luego.... Por cierto ¿Cómo te llamas?
-Martín
-Lucía, mucho gusto.
-El gusto es mío.
En eso uno de los policías al ver que no había documentación entre las ropas, preguntó a los presentes si alguién conocía a este señor. Nadie respondió. Solo una persona a lo lejos dijo: Creo que se llama Nemesio y su perro se llama Pepe.....



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