Cuando Madrid huele a huevos podridos es porque se han activados los circuitos inferiores del poder

Extraño Agosto. Esos días que con solo asomar la cabeza por las mañanas era garantía de aíre fresco y silencio. Estamos ya a punto de cerrar septiembre y Madrid huele a huevos podridos. Señal inequívoca de que los circuitos inferiores del poder se han activado. Un coche, una persona. Símbolo del estatus middle class madrileño y del mundo. 

No hay nada más absurdo que un coche con una sola persona. Obviamente, no tengo coche y no quiero tenerlo. Me lo puse como punto de honor no por ecologista y esas lavativas sino porque un día descubrí que me sentía mejor caminando que conduciendo. Así que abandoné toda idea de tener ese botadero de recursos que es un coche.

Cuando camino por la ciudad si algo me llama la atención es ver a la gente amargada en su coche. Rara vez sonríen y no pocos van drogados con lo que sea. Muchas veces he estado a punto de ser arrollado en pleno paso de cebra y con la luz a mi favor. Le temo y mucho a los viejitos pero también a los obreros y los ejecutivos de cuello blanco. Los viernes por la mañana o los lunes es muy factible que bajo los efectos de cualquier narcótico, uno de esos te lleve al infierno. Hay que estar atentos. Sobre todo cuando crees que tienes paso.

Entonces decía que se han activado los circuitos inferiores del poder en Madrid y que lo sabía porque la ciudad huele a huevos podridos. 

Cuando eso pasa, cuando se activan los circuitos, me gusta observar la dinámica del poder en todos los estratos. Cuando se van de vacaciones en agosto, no se disfruta igual. 

Las intrigas, los malos tratos, el peloteo, las venganzas, las miserias, la persuasión, la violencia, el dominio, la generación constante de legitimidades y narrativas para justificar cualquier tontería que emprendamos. El poder y sus circuitos. Sí. Lo veo como un potente campo de fuerzas caótico siempre cambiante en sus coyunturas y más descriptible en sus estructuras, si es que tiene una. Algo que nos gusta pensar, es decir, que hay una forma de explicar todo este caos.

Como inmigrante he trabajado en todos los niveles y sectores de esta ciudad y tal vez por mi edad o tal vez por ser inmigrante me puedo dar el lujo de tomar distancias y observar estas dinámicas de los circuitos de poder más en crudo.

Desde donde mejor se puede contemplar es desde los trabajos no calificados. La gente poderosa en España, pocas veces toma conciencia, de lo preparada que está mucha gente en los trabajos no calificados. En la mayoría de las veces, el camarero, dependiente o una azafata de eventos, puede estar más preparado que el que tiene el poder inmediato, es decir, su jefe y los chivos más pesados.

Como los camareros, dependientes o azafat@s súper calificados tienen que conservar sus trabajos para comer (hasta que consiguen sus trabajos calificados), al observar el absurdo callan, y luego comentan entre ellos todas las situaciones generando unos diálogos muy sabios. Tenemos que agregar a este colectivo a los taxistas o conductores de "transfer". Se aprende mucho de ellos.


Subestimados como suelen estar estos trabajadores, los grandes chivos de los negocios y la política no saben a qué se exponen cuando hablan abiertamente de sus negocios y tinglados en un restaurante o un evento. Esa gente sobre calificada escucha, analiza, piensa y comparte esa información pues si hay un lugar para espiar con éxito, ese es Madrid. Sobre todo porque aquí se habla gritao sea en el Wanda Metropolitano como en el Bernabeu. Da igual. Te enteras de todo sobre todo con los señoritos.

Tengo que decir que de la fauna europea, a los españoles se les ve puede medir en sus intenciones. No porque sean transparentes, que los hay como en todos lados, sino porque no tienen eso que en Latinoamérica llamamos cintura a pesar que dicen que aquí cunde la picaresca (en cierta forma, pero es muy evidente, burda diría yo). No hay que subestimarlos tampoco. Pueden engañar y vaya que si pueden, pero no mejor que los italianos, los ingleses o los portugueses.

No pocas veces he advertido al respecto a muchos jefes temporales. Sobre las medidas de seguridad y la importancia de la discreción. Han pasado de mí y mis compañeros que también saben mucho de eso y así van. En cambio, es distinto cuando trabajas con ingleses, americanos o alemanes. Es otra cosa. Escuchan un poquito más. Y eso me lleva al otro punto, al hubris.

Cuando estamos en las escalas inferiores y somos conscientes de los circuitos de poder, su dinámica e incluso su teleología, se puede observar con claridad cuál es tu puesto y hasta donde puedes llegar o planearlo todo mejor. No tienes mucho que arriesgar. En cambio, cuando ya te manejas en circuitos donde eres un nodo que acumula grandes cantidades de capacidades y recursos, hubris hace sus efectos. Los dioses te vuelven loco y la caída está servida en cualquier momento. No hay nada más estúpido que una persona en el poder que no esté atenta. Por eso se admira no en pocas ocasiones a los tiranos que mueren en la cama o aquellos que sin ser tiranos cumplen un rol positivo en la historia y abandonan posiciones de poder con sus capacidades cognitivas intactas.

Mientras más queremos, más nos amargamos. Esa es una realidad como un templo. Allá fuera, en ese Madrid que huele a huevos podridos, todos quieren algo y toman su coche y se van a por ese algo. La mayoría son de los circuitos inferiores del poder, como todos nosotros, solo que muchos no están conscientes de ello. Tal vez eso los hace más felices o no. Tal vez, lo que estamos más conscientes al desactivar el deseo o dejar que no nos domine tanto (siempre domina, sobre todo el de reconocimiento social y autorealización), también seamos más felices o al menos más serenos. No lo sabemos, hay de todo.

Lo cierto es que cuando te hagan una putada dentro de los circuitos inferiores de poder, no te amargues y sigue. Recuerda que siempre, salvo agosto, la ciudad olerá a huevos podridos.


 

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