Las campanadas y los fantasmas italianos...


¡Guarda!

Y volví a despertar. Ya era la quinta noche en aquel viejo hotel de Roma. Todos los recuerdos se juntaban al tiempo.

Afuera, el bullicio del fin de año o al menos la víspera. No sabía para ese momento si estaba o no en el 2018. Miré el reloj y no, tan solo las 8 de la noche.

Agotado de horas de trabajo. La soledad de la viudez reciente, mi primera navidad odiada, la lejanía de los ecos de la felicidad. Solo quería volver a trabajar en mis informes, mis lecturas, mis evidencias. No es fácil la vida de un analista de inteligencia, al menos mentalmente. Se pierde demasiado tiempo tratando de entender al ser humano y sus ansias de poder, riqueza, venganza, sus bajas pasiones y cómo todo eso afectará a otras personas de la misma calaña, solo que con la legitimidad de un cargo político o corporativo.

Iban 5 noches en este hotelucho. Esperando un contacto. Una fuente que no iba a llegar. Apareció 1 mes después decapitado en un video por la TV. Iban 5 noches con esa exclamación a mis oídos: ¡Guarda!

¿Qué tengo que mirar? ¿En qué me tengo que fijar? ¿Qué me quiere decir este puto fantasma italiano en mi atribulado subconsciente?

Ocurría justo cuando ya estaba en lo más profundo de mis sueños. Siempre cuando soñaba que era feliz de nuevo con mi esposa. Ella viva, sana, feliz, sonriente y yo queriendo creer que no era un sueño. Y justo cuando estaba en el colmo de la felicidad ¡Guarda!

Bajé a la recepción. Un viejo gordo con un sucio abrigo me comentó que había fallas en las calderas y que las estaban reparando. Lo miré con mi sonrisa de ¿Qué me dices? Se sinceró. No tendremos agua caliente hasta el 3 de enero y si ocurre un milagro, pero con mucho gusto ordenaría al personal de la cocina subir una olla con agua caliente para calentar la tina. Se lo agradecí y salí a la calle a tomar un poco de aire fresco.

Siempre me ha gustado la elegancia italiana y la sonrisa juguetonas de las italianas. Pícaras como sus pares masculinos. Di dos vueltas al Panteón y retrocedí al hotel con ganas de escribir.

A las 11 me dio sueño luego de un par de horas analizando y escribiendo. A las 11:50 el ruidajo de la calle me levantó. Me asomé al balconcito miré la ciudad preparándose para recibir el año. Puse la RAI en mute. Nada bueno para ver. Decidí ver la ciudad y recibir el año en silencio. Sin nada más. Triste.

El conteo final se escuchaba entre los pisos vecinos y justo cuando marcó el 0 y estalló la ciudad ¡Guarda! a mis oidos.

Me giré violentamente aterrado esperando ver a esa persona frente a mí pero no ví sino los pies colgando de un ahorcado con una sonrisa y parpadeando. Grité de horror y salí corriendo de la habitación por las escaleras. El recepcionista no estaba. La ciudad estaba en pleno júbilo. Miré hacia la ventana de mi habitación y todo estaba como si nada. Retrocedí a ver si se podía ver el ahorcado desde el lado más extremo de la plaza y no pude atisbar nada más allá que el resplandor de la tele y la lámpara de trabajo.

Volví al hotel con cara de preocupación. El recepcionista gordo y viejo me deseó el feliz año y le pregunté si había más huespedes en el hotel. No. Me dijo. Solo usted. A este hotel el final de año no viene nadie

¿Me puede cambiar de habitación? Le dije.

Claro, me respondió. Pero tenga seguro que ese infeliz le seguirá gritando ¡Guarda!

¿Usted lo ha visto?

Lo escucho. Solo se le ve durante las campanadas del final de año. Por eso salí. Solo en ese minuto. Se aparece a todos los huespedes y trabajadores, siempre ahorcado. En una ocasión salimos todos corriendo al tiempo.

¿Cómo puede funcionar este hotel así con esas cosas?

Boh....Me respondió a lo salernitano.

Es decir, que siempre escucharé el "guarda" toda la noche.

Sí, pero no volverá a aparecer.

Ya. Por eso el hotel vacío.... ¿No le han ofrecido por hacer películas o documentales sobre esto?

Si pero el desgraciado no se deja ver ni escuchar. Es decir, los productores o camarógrafos entran y lo escuchan pero no registran nada.


Vaya vaya ¿Me acompaña a mi habitación por favor? No quisiera toparme esa cosa apenas entre. Luego puede volver a sus labores. Soy capaz de acopiar valor y dormir esta última noche aquí.

Pero ha pagado dos noches más....

Cierto y se las dejaré pagadas como corresponde ¿Me puede recomendar otro hotel que no tenga fantasmas?

¿En Roma? jajajajajajaja....

No puede ser que todos estén así.

Roma está llena de fantasmas. Ha sido siempre la ciudad del mal. Pero ese no es su problema.

¿Ah no? ¿Cuál es entonces?

Su problema es que se está muriendo.

¿Qué dice buen hombre?

Me lo dijo él. Sí, el ahorcado.

Ah entonces habla con él.

Sí, siempre. Era un cliente habitual, me conoce, pero ahora en sueños me sigue comentando cosas.

Y le dijo que iba a morir pronto ¿No?

Sí. Lo siento.

¿Por casualidad le dijo de qué?

No, pero que le haría feliz morir. Así que no es necesario que se mude de hotel. A donde vaya verá fantasmas o espíritus. Está usted en conexión con ellos.

No dormí esa noche. A la mañana siguiente hice mi check out. Salí rumbo a otro hotel. La señorita que me atendió en el check out no la había visto antes. Le pregunté si estaba viva y sonrió pícara.

Es usted muy poeta.... me dijo

¿Y el recepcionista gordo? ¿Ya no es su turno?

¿Cuál recepcionista? Me preguntó curiosa.

El de anoche. Pues anoche no había recepcionista, en las noches no tenemos recepcionistas. Es un hotel viejo. Por eso cobramos todo por adelantado. En la noche no hay nadie aquí.

Le tomé la mano, sí, estaba viva.

Ella la apartó con cuidado y me dijo: tiene que dormir mejor. Cuando vuelva a España busque una terapia de sueño o algo así. Por su cara se nota que no duerme bien.

Han pasado 5 meses y me estoy muriendo. Siempre le estaré agradecido a los fantasmas italianos por darme las buenas nuevas.

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