Gaviotas en Santiago



Alejado de la catedral, pasando entre recovecos húmedos marcados por la habitual indecisión gallega me acerqué con precaución al bar indicado. Atento a las sombras entre los pasillos comerciales y portales, observando coches ocupados, en caso de haberlos, para escapar al menor mal indicio.

Todo ocurrió como estaba pensado. Un par de cañas, café en mi caso, la orden expresa, la foto breve para memorizar el rostro del futuro difunto.

 -Habría que mudarse a Barcelona- Dije. 

 -Cómo prefieras- soltó preparado Boris.

 - Eso aumenta los costes- Comenté antes de soltar unas monedas para el café.

-Lo puedes tomar de tu parte que para eso te pagamos bien ¿No?-

-No me jodas Boris. Ya se te están pegando mañas de los españoles. Tienes que pagar bien o búscate otro-
-Sabes que te puedo mandar matar allá afuera ¿No?-

-Pufff y qué más da... Ya estoy muerto-

Boris marcado por la curiosidad, Boris desencajado, el Boris que me gustaba ver. Ese era su punto débil. El quererlo controlar todo y saberlo todo.  Entonces hice mi jugada de rutina con ese, mi principal cliente. Largarme con gesto de me importa un carajo lo que hemos hablado yo no pinto nada aquí. Entonces Boris hizo la señal de costumbre a sus gorilas, de que taparan la entrada. La última vez que hizo eso les dejé dos fuera de circulación y un problema en la vía pública y aquí sigo. Nunca se vengó, nunca me castigó. Ya van 10 años. En un momento dado un gorila observando la señal de su jefe, se apartó y me dejó salir. Boris se había levantado e iba detrás también a la calle.

-Miguel, Arcangel, mi ángel vengador, no me camines tan rápido, soltó con una carcajada de fumador.

Santiago se vestía de llovizna de nuevo y el viento frío con olor a mar lejano mezclado con la tristeza habitual gallega cubrió mi corazón al ver los ojos del ruso.

-¿De qué te mueres?-

-De la tristeza de los muertos Boris. Son muchos. Muchos desgraciados. Algunos lo merecían, pero otros no me dejan dormir. Este debería ser mi último trabajo. Luego me largo si no me matas primero. Necesito todo el dinero posible. Tengo cáncer. Incurable. Silencioso el cabrón. Pero no me voy a tratar aquí. Me iré a Venezuela. A morir en Choroní. El dinero me lo gastaré allá y se lo regalaré a quienes me cuiden. Lo menos que necesito son recortes de presupuesto en este momento. Me parece una ofensa. Y si quieres ahórrame el trámite de morir con dolor, pero piensa antes en cómo podría ayudar todo mi dinero a los negros de Choroní. 

-¿Son negros en Choroní? jajajajaajajajajajjaj...-

No paró de reír por un buen tiempo. La carcajada de fumador, su tos, sus ojos azules brillando satánicamente en la oscuridad gallega.

-No se qué te causa gracia Boris. No me vengas con chistes racistas rusos-

- Solo te iba a decir que eso se resuelve con bananas. Regálale bananas, los negros no son gente jajajajajaja-

No fue difícil dar con él al suelo y poner mi navaja en su cuello. 

- ¡¡¡спокойный!!!!

Los hombres retiraron las armas sobre mí.

-No hagas más chistes racistas. Mi padre era negro-

-Qué mala suerte jajajajaj que mala suerte- Decía mientras lo ayudaba a levantarse.

Rusos, me dije, como en las pelis. No cambian.

-Sin la pasta de los costes en Barcelona no hay nada. Dos o tres semanas si el difunto no se mueve de allí, unos 500 euros por día, hablaríamos de unos 7 a 11 mil euros.

-De acuerdo, súmalo al presupuesto original y trae facturas. Es para un amigo que las necesita-

-Eso es peligroso-

-No tanto. El amigo es de confianza y este es tu último trabajo-

Me le quedé mirando y convencido que me mataría al finalizar el trabajo. Un final justo, me dije, asesinado por un matón ruso. Nadie me manda a meterme en estos saraos. Era feliz siendo un politólogo pacífico, ya con eso hacía bastante daño, pero no, viudo, alejado de la vida feliz, tenía que entrenarme, convertirme en un soldado en la fallida invasión a mi país para recuperarlo de la tiranía, para luego descubrir en el desembarco que de repente todos eran amigos y se habían perdonado todas las afrentas. Preso, violento, entrenado, escapé. Interpol de por medio termino en manos de unos libaneses que me dieron una nueva identidad. Viví allá un tiempo, aprendí francés, alemán, árabe y a matar. Los rusos se fijaron en mí para hacer trabajos especiales. Primero su servicio de inteligencia que quedó fascinado por mi capacidad para analizar situaciones de alto valor estratégico, pero sobre todo para matar bien sin dejar rastro. Se me daba bien y era un servicio más escaso que hacer análisis Hasta que un día alguien de ese servicio me vendió a los israelíes, entonces me convertí de nuevo en perseguido. Tuve que bajar aún más a los bajos fondos, vuelta a comenzar, vagar por Turquía, Francia, Italia, España, Portugal. Siempre a destajo hasta que me topé de nuevo con Boris. Boris motosierras era un mercenario con el que hice migas en El Líbano, Irak, Kurdistán, Siria. Era el mejor asesino que había visto en mi vida, pero siempre un sentimental. Tocaba el piano, cocinaba muy bien, hablaba varios idiomas, doctor en filosofía y teología, militar entrenado, viejo espía, pero también en desgracia por follarse a la mujer de un jefe. Decidió montar tienda aparte. Su especialidad hacer trabajos para la banca y el mundo empresarial. Poco con políticos. Se decía que trabajar con políticos era como trabajar con negros, no eran confiables. Así era Boris. Racista hasta las metras, lo cual, en este mundo, es un mal menor o una virtud, dependiendo como se le vea. Solo trabajó para tres políticos. Todos españoles. A todos los mató. A todos los catalogaron como suicidios y no había manera de decir lo contrario. Una senadora gorda en su hotel, lógico que muriera de un infarto y no envenenada y otro infeliz que preparaba su escapada al exterior y que a cambio de dos pasaportes vendió a Boris. Un cazador cazado. Siempre le pregunté como hizo para que pareciera un suicidio. Solo risas y un trago de vodka. Ambos asesinatos fueron por venganza, pero también, por casualidad, por encargo. Feliz coincidencia. Fue su último trabajo para un político, un presidente de gobierno gay de armario y por tanto muy listo para no dejar rastros de sus crímenes. Ese trabajo le abrió las puertas a las mafias gallegas donde aquel presidente hizo estragos entre traiciones, amantes y negocios fallidos. Boris lo cazó tiempo después. También pareció un accidente. Y desde ese momento opera en Galicia como si fuera su Siberia de los cojones.

-Ok. Listo. Facturas incluidas. Cuando esté listo hago contacto contigo. Seré lo más rápido-

-Tengo un amigo que tiene una factoría de bananas jajajajajajaja-

-Pendejo-

-Me encanta cuando me dices pendejo, suena a mexicano. Viejos tiempos-

-Adiós Boris, estamos en contacto-

-Adiós Arcangel-

Las calles eran el reflejo de una noche prolongada donde la muerte trenzaba sus lazos infinitos, siempre lejos de Dios. Hubiese querido ver mi mirada entre la llovizna. Tal vez sea la más triste y desolada de todas. Un coche pasó a baja velocidad con 5 personas en su interior. No era para mí. Mucha gente. Seguro es un detenido para Boris. Crucé la esquina y decidir ver a hurtadillas hacia la puerta del bar ahora ocupado por Boris. En efecto, un hombre sedado entraba a eso que ya sería el umbral de su muerte. Los hombres de Boris atentos a las ventanas de los edificios, nunca a mi esquina. Una máquina de matar ese Boris. Y parece que no se detendrá. Debería matarlo también. De algo serviría. Al menos me acompañaría al infierno. Un graznido me sacó de mis pensamientos. El cielo se había despejado. Límpido. Lleno de estrellas y debajo de ellas unas gaviotas. No sabía que también volaran de noche. Un escalofrío inundó mi alma. Era triste todo. Tenía que salir de allí pronto.

No me fui a dormir. Esa misma noche tomé mi coche rumbo a Barcelona. Me gusta conducir de noche y no tenerles miedo a mis fantasmas. En ocasiones los veo en las orillas de las carreteras. Aquella ex primera dama, aquel ex banquero, aquel ex esposo millonario, aquel comandante kurdo, lo que me hizo ganar fama, aquel gringo pendejo de la NSA la cual aún no me encuentra, pendejos mil veces pendejos, todos se asoman fuera o dentro de mi coche. Es la cercanía de mi muerte sin duda la que me hace sentir cosas que antes no sentía.

Ahora un catalán. Un tipo que decidió pasarse de listo con unos mafiosos rusos y calabreses. Hay que ser tonto. Pareciera que de tanto empeñarse en hablar en catalán se les fundiera el sentido común. Nada peor que el nacionalismo. Embrutece a los pueblos y enriquece a los cínicos. El tipo ha decidido entrar en la política. Si entra en la política no es que sea más difícil de matar porque dizque tenga más poder. El que lo crea es bien tonto. Si entra en la política hace mucho ruido y eso para todos es muy malo. Activa la doble moral y pone en nuestra contra el aparato del Estado. Malo para todo. Para los negocios, para nuestra gente sea quién sea. En el lado oscuro también hay solidaridades. El difunto es un corrupto de marras y encima pedófilo. Tiene en su haber varios abusos de menores en la aristocracia catalana y se sirve de la iglesia a cambio de donaciones para que la misma le de niños hermosos, multirraciales, todos de sus orfanatos dados en adopción y luego asesinados en sus países de origen una vez consumado el abuso. En una ocasión asesinó a uno con su propio falo. Imagino que la impresión del pobre chico. Un infarto causado por la fuerte emoción. Eso tuvo que ser y eso hizo que contrataran a una rama de la organización de Boris. Algo que el ruso de marras aprovechó para venderle otros servicios. De allí que Boris tenga tan buena inteligencia del target, pero no quiere que sus hombres hagan su trabajo. En ese caso, me toca a mí. Esa es mi especialidad. Boris sabe que en cuanto entre el target en la política sus servicios comenzarán a ser menos usado. El ascenso al poder deja mucha sangre en el camino y para eso se necesita gente como Boris, pero cuando se llega a la cúspide, con las herramientas del poder del Estado en sus manos, el cliente se siente confiado y decide usar a gente como Boris como simples sicarios, para luego ordenar a otros sicarios o incluso las mismas fuerzas del Estado que aniquilen a esa gente como Boris. Boris se siente orgulloso de nunca ser jodido por un político, pero no abusa de su fortuna. Luego de aquel presidente gallego no lo quiso hacer otra vez. De allí que sienta particular interés en que este negocio salga bien.

En cuanto a mí, prefiero no pensarlo mucho. Me da igual si es santo o no. Es un trabajo. Cobrar y desaparecer. Eso si Boris no me caza antes. Obviamente no terminaré en Choroní. No lo sé. A lo mejor. Eso quiero. Como Alaric o Garbo. No lo sé. Tal vez un baño de playa y ya. Luego buscar un sitio fresco donde agonizar. No me quiero matar. Pero sí el dolor es intenso tengo todo preparado para ello. Me gustaría morir aguantando de todo. Asumir mi castigo. Pero lo que más me gustaría antes de verme en el infierno es ver el rostro de mi ex mujer. A esa que tanto amé y ahora debería estar en el cielo, creo yo, si es que existe el cielo. La única que me dio paz en este mundo y me mantuvo alejado del mal. Ojalá Dios, si existe, pudiera darme esa licencia. Últimamente pienso mucho en Dios. Antes era muy devoto, pero luego de la invasión y con cada difunto me alejé de todas esas cosas. Ahora lo pienso mucho. Cuando vi aquel cielo estrellado en Santiago pensé en él y por un momento en la redención, pero las gaviotas me aterraron, como si me estuvieran diciendo que ni lo sueñes. No tienes perdón de nada. Allí entendí que tenía que terminar con este caso y no pensar mucho.

La noche es oscura y mi corazón está muerto.

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