Nuestra hija la arquitecta

 

Ya llevábamos varios meses igual. Todos los sábados nos acercábamos a la obra de nuestra nueva casa. Siempre con una idea preconcebida de cambios o sugerencias para el maestro constructor luego de una semana de pensamiento, discusiones y conversaciones telefónicas.

Veíamos al personal afanado en su trabajo y marcábamos pauta. A veces los obreros nos veían con algo de rabia. Al principio muy alegres. Cada cambio implicaba más trabajo para ellos en esa casa, pero con la salida de la pandemia de repente hubo un boom de reformas y sobraba trabajo. Ya al maestro constructor le costaba mantener su talento atado a la obra. Había que pagar más. Ahora quien nos veía mal no solo eran los trabajadores que querían despachar nuestra obra rápido para irse a otra, sino el mismo maestro constructor que no veía el momento en que se terminara. Volvimos sábado tras sábado y un día el maestro constructor nos recibió sin los trabajadores trabajando. Era como una especie de conato.

- Estimados señores. No trabajaremos más hasta que traigan a su hija.

Nos miramos extrañados y balbuceamos un - ¿Por qué?

-Su hija es la arquitecta de todo esto – dijo señalando la obra y en ese momento pude ver que la casa era deforme como una casa de muñecas barbie. Nos vimos mi esposa y yo atentos a si habíamos descubierto lo mismo. Veníamos con una nueva idea. Una casa para las muñecas y un cuarto de juego. El segundo que montábamos y desmontábamos.

- Tenemos otros contratos esperando. Necesitamos terminar este. Así que traigan a su hija y que ella de la última palabra.

- No haremos eso. Lo que sí haremos será darle ya estas dos ideas y ya. No pediremos más. Lo prometemos – afirmamos suplicantes.

Unos trabajadores que acababan de llegar se dieron la vuelta deseando nuestras muertes con la mirada. El maestro constructor los miró y luego se dirigió a nosotros – están criando a un monstruo. Ahora díganme sus últimos deseos. 

Dejamos las ideas. Nos despedimos bajo la mirada de odio de todo el personal. Atrás una casa que nos lucía ahora de terror y que tal vez terminaremos odiando en vez de adorar. Al llegar a nuestro viejo apartamento alquilado, había una carta del banco. Estábamos arruinados y luego de discutir y llorar en el estudio en silencio para que no nos escuchara la niña, salimos a seguir el día.

- ¿Alfredo? – Llamó mi esposa.

- ¿Qué?

- Ven

Al llegar estaba mi hija sonriendo, mostrándonos su nueva ocurrencia. Era la casa tal como la habíamos dejado hace un rato en construcción solo que acabada. En una habitación estaban un papá y una mamá colgados de una cuerda, ahorcados y sentada frente a ellos barbie sonriendo, viendo su obra.  

Nuestra hija nos miraba y sonreía.

Eso es todo lo que tengo que decir su señoría.



Comentarios

Entradas populares