La muerte de un tirano

 


-No sabemos realmente dónde está- dijo Marc al teléfono satelital.

Marcos puso atención un rato a la conversación y al minuto se concentró en las imágenes de los noticieros locales.

- Tenemos varios equipos. Uno en cada embajada. Los tenemos en la de Irán, Cuba, Rusia y China, otro en Miraflores y otro en Fuerte Tiuna. Nosotros estamos cubriendo desde el hotel La Carlota, pero nos llegan rumores de Maiquetía y Camurí Grande, es decir, que está en ambos sitios. Así que necesitaría reclutar dos equipos más…Si ya se…Bueno espero…-Entonces Marc le hizo señales con los ojos a Billy de agotamiento.

Hablaba con la jefa de todo el equipo de corresponsalía que cubría la victoria del candidato de la oposición. En realidad, todo comenzó hace 48 horas cuando el CNE daba por victorioso a Maduro contra todo pronóstico ante el grito de fraude de la oposición, una situación ya conocida en Venezuela desde 2004, pero a los 15 minutos salió el alto mando militar exigiendo el respeto de los resultados al CNE. Es decir, no reconocía la victoria de Maduro. Y entonces todo se desmadró. Fue una seguidilla de declaraciones. La mayor parte de aliados de Maduro, empresarios, periodistas, todos a favor de que se respetara los resultados.

Marcos, el “fixer”, lo decía con claridad con eso de “ganando indulgencia”, pero ya Marc y Billy, curtidos en tantas crisis sabía de lo que iba esto. Se estaba derrumbando la estructura de poder del ahora presidente cazado por el equipo de corresponsales y una multitud furiosa.

Al parecer los militares de Casa Militar lo estaban protegiendo para que saliera, pero así, sin más, la gente se lanzó a la calle para dos cosas: festejar su caída y asegurarse que no volviera a tomar el poder como pasó con Chávez hacía más de 20 años.

Para el grueso de los contactos entrevistados por el equipo, Maduro estaba negociando su retorno al poder con los militares, pero al contrario de lo ocurrido en el 2002, ahora no había un empresario tomando ilegalmente el poder y rompiendo con la línea institucional y de mando de las fuerzas armadas, sino un resultado electoral. Simple.

- ¡Ok! Gracias jefa- cerró Marc el teléfono satelital y se dirigió a Billy – Lo tenemos. Tenemos carta libre y encima viene la jefa para acá.

- ¿Desde Irak? – preguntó Billy sorprendido.

- Sí. Huele que esta es la noticia y no los movimientos de Teherán que según sus fuentes se están frenando. Dejó al equipo de Jessica a cargo de esa historia. Ahora quiere ser la estrella de la caída de un tirano. Según sus fuentes en el Pentágono está en Camurí Grande. Marcos- preguntó sacando del marasmo al “fixer” frente a la tv - ¿Cómo llegamos a Camuri Grande sin pasar por La Guaira?

Marcos se le quedó viendo como diciendo ¿Cómo preguntas eso? Hasta que respondió – Se puede por unos caminos, pero por ahí hay mucho malandro y tardaríamos mucho. Creo que la forma más segura es la carretera. Prepare unos dólares... para comprar guardias y pacos, jefe.

- Este país todo es pagar. Así no se puede - dijo Billy.

- Chico, para todo hay que pagar. Es lo que hay. Que un gringo me reclame eso ya es el colmo – dijo Marcos riéndose.

- Sí, pero no la policía – dijo Marc.

Marcos se encogió de hombros con su vista cansada de ver tanta mierda en su país y preguntó - ¿Arrancamos ya?

- No lo se todavía. Primero déjame hablar con el equipo de la chica aquella que nos mandó el CV hace dos semanas a ver si está libre.

Hizo la llamada y no estaba libre. La tenían los franceses. Llamó a otros equipos y no estaban libres. El país estaba repleto de corresponsales.

Marcos al ver que comenzaban a desesperarse le sugirió que si lo del Pentágono de su jefa era verdad, dejara a una persona de confianza aquí atenta a la cámara sin necesidad de reportar y nosotros vamos a Camurí. -Creo que allí debe estar la noticia. - remató. 

- ¿En Camurí solo hay un helipuerto no? - preguntó Billy.

- Solo eso. Un bunker, acceso al mar y armas. Ahí se puede defender para lo que venga con los suyos. Yo creo que no confía en nadie ya y espera un rescate de alguna potencia.

- ¿Cuál? – pregunto Marc

- Ah... no se. Pregúntele al del Pentágono – dijo encogiéndose los hombros Marcos.

- Pues llevas razón – dijo Billy cómplice con Marcos.

Entonces Marcos miró a la tv y soltó – Lo mejor es arrancar ya. No deje a nadie aquí. Si mira este hotel está lleno de gente grabando las masas en la Carlota. Aquí no está la noticia. Vámonos uno a uno sin llamar la atención hasta la camioneta y aprovechemos porque imagino que en Camurí Grande no hay tanta gente. Antes que se llene de masas furiosas.

Billy miró a Marcos admirado. – Eres un buen fixer chamo. – Le soltó en su acento americano en castellano saliéndose del inglés.

Marcos afirmó serio y pensó que eso era lo que les gustaba a los corresponsales americanos. Podía sonreír, pero no era meloso como el resto de sus paisanos. Marcos era también periodista, pero nunca encajó en los medios oficiales. Tenía una propensión a la profesionalidad. Luego le mataron a su hermano y su padre en distintas circunstancias y su hermana había sido violada en la cárcel luego de ser detenida en unas protestas. No era opositora. Simplemente pasaba por ahí y unos guardias nacionales se antojaron de ella. Toda su familia, y el mismo Marcos eran chavistas, pero la dinámica de la revolución era una máquina de moler vidas y entonces Marcos abandonó toda esperanza. Emigró a EE.UU y trabajando en una productora de noticias limpiando baños con la esperanza de que le dieran una oportunidad de algo mientras mejoraba su inglés, conoció a Billy. Al enterarse que era venezolano, le preguntó por el país y Marcos le dijo algo curioso “A pesar de que se ve poderoso, el régimen está entrampado y no es fiable ni para sus seguidores. La culpa está en la hubris. Los que mandan no entienden que todo tiene su límite, incluso en Venezuela. Eso va a reventar mal”. 

Entonces Billy no le había prestado atención. Se quedó con el diagnóstico, pero no le dio mayor importancia hasta que en una reunión editorial en el New York Times conoció a un ex corresponsal en aquel país que le soltó algo parecido. Comenzó entonces a investigar por su parte y habló con Marc y la jefa, Miller, sobre el tema.

Las alarmas saltaron cuando una corresponsal de Bloomberg en una noche de farras con Billy en medio de su borrachera soltó que en Caracas tuvo la peor de las experiencias sexuales de su vida. Con un general. El peor polvo de su vida, pero al menos sacó algo limpio de todo aquello. Supo en la conversación post coito que, salvo los de inteligencia, todo el alto mando militar no iba a reconocer un fraude de Maduro. Error de parte de la chica. Es lo malo de no controlar la bebida. También habilidad de Billy pues más experto hizo entender que lo de Venezuela no era importante desde el punto de vista periodístico y dijo, en parte la verdad, que su equipo estaba centrado en Irán. Era así. Lo que no sabía la corresponsal es que también le tenían el ojo puesto al destino de Maduro. Un drama que estaba cocinándose a fuego bajo.

Entonces llamó a su jefa y esta le encargó comenzar a preparar un plan de trabajo para Venezuela. Mientras lo hacía se topó con Marcos en el office comiéndose una arepa. Le sonrió y se giró al llegar a la puerta retornando sobre sus pasos preguntándole ¿Eres refugiado político? Marcos le respondió que no. Estaba de ilegal. Luego repreguntó ¿Y tienes pasaporte venezolano activo? Marcos le respondió que sí. Entonces Billy le dijo “vente conmigo”. Así fue como prepararon todo para legalizar su situación “y ahora eres nuestro fixer en Venezuela… y podrás volver con nosotros sí no te pillan. En el fondo eres tan corresponsal como nosotros, solo que sin pasaporte americano”. Marcos podía estallar de alegría por la oportunidad, pero no lo hizo. Lo mínimo que quería era volver a Venezuela. No quería saber nada de su país natal, pero se dejó llevar y ahora luego de superar varias alcabalas con pagos de mordidas incluidas tenían el paso franco hacia Camurí Grande.

Al llegar no había nada. Todo estaba tranquilo. Normal. El núcleo de la Simón Bolívar, la universidad, vacío sin casi vida, el mar azul intenso. Un brote de aguas negras destacaba a varios metros de la costa, pero no se sentía la contaminación en los colores del mar y en el aire. Casa Militar tenía una alcabala normal. Nada que llamara la atención.

- Aquí parece que no hay nadie. Creo que el Pentágono se ha pifiado- dijo Marc.

- No sería la primera vez – comentó Billy.

Giraron con la camioneta y Marcos con naturalidad ascendió hacia la universidad.

- Bien. ¿Una altura? – Dijo Billy. – Seguro desde aquí podemos vigilar bien la zona si no hay francotiradores.

Entonces toparon con una alcabala de Casa Militar dentro de la universidad.

- ¿A dónde van? – preguntó un soldado fuertemente armado.

- Somo corresponsales de CNN- dijo Marc.

- “Ahoríllate” allá – indicó el soldado.

Marco vio por el espejo retrovisor como se acercaban por ambos lados dos soldados. – A estos no se les pueden comprar. Son fanáticos y tienen miedo. Así que mosca. – Dijo.

Los tres pusieron su mejor cara.

- ¡“Abajense” del carro! - dijo un soldado distinto con el que habían hablado.

Eso hicieron.

- A vel los papeles puesj- dijo el soldado al que le habían hablado previamente.

Sacaron toda la documentación. Al ver la de Marcos le indicaron a este que se apartara. Un tercer soldado se acercó, sacó su pistola y le disparó a la cabeza. Billy y Marc saltaron horrorizados con las manos arriba y con su castellano con acento mexicano Marc comenzó a decir – Venimos en paz, venimos en paz…

Los soldados se vieron. Se guardaron los pasaportes y credenciales y le indicaron que siguieran por un camino. Marc vio a Marcos tendido en el asfalto y un hilo de sangre que describía la estela de su vida bajo el sol del Caribe. Billy al verla tuvo una sensación de querer llorar, pero se contuvo. No tenían miedo. Solo dolor por perder a Marcos. En parte, ellos eran culpables de su muerte. Él no tenía buena espina con volver a Venezuela y ellos lo convencieron. Una última vuelta y de retorno a los USA. Así de fácil. Marcos pues compró el relato y otro chavista lo mató.

Llegaron a una casa colonial. Los sentaron – Esperen aquí y no se muevan porque los quiebro – dijo el verdugo de Marcos. No había motivos para no creerle.

Ambos corresponsales, Billy el camarógrafo y Marc el reportero, bajaron la mirada para solo levantarla para saber por dónde llevaban sus equipos cuando los vieron pasar. A una habitación no lejana. Como un cuarto de herramientas. Al menos un alivio saber que están allí.

Pasaron las horas. Lo peor era la sed. Había un silencio marcado de vez en cuando por unos pajaritos con el mediodía en su esplendor. Billy podía escuchar el sonido de su teléfono en esa suerte de caseta donde estaba su equipo. Rogaba que los soldados no se percataran. No tuvieron tiempo o atención para con el equipo. Los soldados estaban demasiados ocupados. Mientras tanto, Marc echaba un sueñecito. Billy siempre se preguntaba cómo es posible que en medio de una situación de peligro tuviera sueño.

Una sombra pasó veloz planeando sobre la vegetación y luego se sintió un rugido ligero y un rotor. Era claro que era militar. Los soldados comenzaron a correr.

Uno pregunto - ¿Es nuestro? – 

Otro respondió - ¡Negativo! ¡Plomo a ese carajo! – y se desmayó como un muñeco.

De repente comenzó a rebotar la tierra alrededor. Marc despertó con una reacción automática de ponerse a cubierto. Ambos reconocían que disparaban, pero observando la trayectoria se dieron cuenta que no venían del helicóptero que sonaba lejos sino del lado de atrás de la casa. De la montaña y hacia allá comenzaron a disparar los soldados.

Marc y Billy se arrastraron hacia una habitación, pero allí rebotaban más las balas que venían de la montaña, así que se quedaron echados boca abajo en el piso del corredor hasta que de repente se escucharon gritos cercanos, dos disparos, uno lejano y aparecieron desde detrás de la casa dos soldados con un uniforme distinto rematando al que sería el verdugo de Marcos quien se arrastraba hacia la posición de los corresponsales.

Una cantidad difícil de contar de soldados de Casa Militar bajó veloz hacia la costa. Los nuevos soldados que aparecían de la nada tenían boinas rojas. Como los de Casa Militar, pero con otro uniforme.

Marc pudo ver bien la insignia de paracaidistas y entonces entendió que era una unidad élite, probablemente con instrucciones de tomar la zona. Es decir, estaban cazando al rebelde o algo parecido. La verdad a esas alturas, el presidente era el rebelde y el presidente electo sería quien estaría al mando pensó Billy. No se sabía nada. Miró hacia la caseta. Necesitaba hacerse una idea de la evolución de la situación. Vio a un joven alto acercarse a un soldado rechoncho. Marc le comentó a Billy. El alto es un teniente. El gordito es un sargento. Entonces el teniente vio a los corresponsales y le preguntó algo al sargento que no pudieron escuchar. El gordito encogió los hombros y el teniente comenzó a caminar hacia los corresponsales que comenzaban a recomponerse para levantarse.

- Quietos. No se levanten – dijo el teniente con una voz algo adolescente. - ¿Quiénes son ustedes?

- Somos corresponsales de CNN – dijo Billy con un castellano básico levantando las manos abiertas.  

- ¿Quién les dio el dato? – preguntó con el ceño fruncido el teniente.

- No podemos revelar la fuente como usted entenderá – dijo Marc que era el único que chapurreaba mejor el castellano con su acento mexicano.

- Jum – dijo el teniente girándose para gritar una orden a otro soldado - ¡Suárez! – gritó señalando hacia abajo - ¡Asegura el perímetro del este y asegura las alturas de los edificios de esa zona! – ordenó.

El soldado, al parecer un cabo o sargento afirmó y salió corriendo con otros soldados hacia ese lado. Ya estaba todo lleno de soldados y la mayoría iban bajando hacia la costa. Eran cientos. El teniente entonces preguntó - ¿Credenciales?

Marc y Billy señalaron con las manos hacia la caseta y Marc respondió – Allá están nuestras cosas. Si no están allá, ese soldado de allá que mató a nuestro fixer – apuntó Marc hacia el verdugo rematado en la tierra a unos metros de ellos – debería tener nuestros pasaportes.

El teniente llamó a un soldado que estaba a unos metros y le dio la orden de que revisara los bolsillos del verdugo caído y en efecto ahí estaban los pasaportes. Llegó corriendo y se los entregó al teniente para luego volver a fijarse en su perímetro a pocos metros del corredor.

- Ok. Vayan por sus cosas, pero se quedan aquí. Ya vuelvo – dijo dándole orden a otro soldado que los acompañara y confiándole la custodia de ambos corresponsales.

Marc y Billy recuperaron todo y pudieron conectarse con la jefa llamando ante la indiferencia del soldado cuando le pidieron permiso para llamar y este lo dio discreto más pendiente a lo que se movía alrededor.

Comenzó Marc en inglés - jefa estamos en la zona que nos indicó. Estamos detenidos por unos soldados, pero pensamos convencerlos de que nos deje seguir con ellos hacia el lugar donde está el presidente.

- ¿Cuál de los dos? – Preguntó la jefa.

- El saliente o rebelde. No sé cómo llamarlo.

- ¿Maduro?

- Sí.

- Saliente y rebelde. Ambos valen ¿Puedes hablar tranquilamente? ¿De quién son estos soldados que te tienen retenido?

- De Maduro no son. Bueno, primero nos retuvieron unos de Casa Militar, de Maduro y nos mataron a Marcos. Lo ejecutaron.

- Santo Dios. Pobre ¿Y cuál es tu situación?

Marc no se acostumbraba nunca a la frialdad de la jefa ante la pérdida de un compañero. Para ella el trabajo era lo primero y pedía lo mismo de él. Se recompuso y siguió - Llegaron unos paracaidistas y acabaron con esos soldados de Maduro y algunos se retiraron a la costa. Lo que pude ver es que Maduro está en el club presidencial ahora asediado, pero antes de todo cuando llegamos no vimos un gran despliegue. El gran despliegue es de los que acaban de llegar. No sabemos nada más.

- Te cuento- respondió Miller, la jefa - Lo que nos llega es que están surgiendo rebeldes en distintas guarniciones a favor de Maduro. No son muchos, pero Maduro pudo hablar al país y estos se levantaron. El alto mando militar dice controlar la situación a favor del presidente electo, pero lo que parece que está ocurriendo es la posibilidad de una guerra civil. Ya otros equipos de los nuestros se están moviendo desde Atlanta para cubrir otras regiones del país. Luego te digo los nombres de las guarniciones que son impronunciables. La mayoría en el occidente. Esto parece Libia, pero lo peor no es eso. Lo peor es que me informaron que los rusos preparan una operación de rescate, pero mi instinto me dice que más que una operación de rescate es una restauración. Hay muchas unidades rusas, tal vez helicópteros, dirigiéndose hacia allá desde Margarita. Hacia donde tu estás. Así que carga bien los equipos y realiza las mejores tomas posibles ¿Hay alturas dónde estás?

- Estoy en una altura, de hecho- respondió Marc.

- No te muevas de allí. Esas tomas serán buenas.

- Jefa pensaba moverme con el avance de los paracaidista y ver si puedo entrar con ellos al complejo.

- No te muevas de ahí. Es una orden. Realiza las tomas desde las alturas.

- Ok – dijo desanimado - Lo del rescate ruso ¿Es buena información?

- Vi las fotos de nuestros satélites y está iniciándose el movimiento.

- ¿Y Washington avala el rescate?

- Están hechos un lío. Uno de los del equipo de Caracas me comentó que una comisión de los jesuitas de la universidad católica y empresarios van hacia donde estás para negociar. Todo eso mientras el tipo llama a la rebelión. En Washington no saben qué decidir. Si evitan el rescate puede que estimulen a una rebelión con él luchando por su vida o martirizado. Si lo permiten, puede que sea una restauración. No saben qué hacer. No están haciendo nada. Solo observan.

Marc vio a Billy que escuchaba atento cerca del teléfono y veía como movía la cabeza negando.

La jefa siguió – Así que quédate allí y solo baja, de vez en cuando a preguntar cerca del complejo, sin entrar y que Billy que haga las tomas desde las alturas.

- Entendido.

- Marc.

- Sí.

- Buena suerte.

- Gracias jefa.

Colgaron. Revisaron el equipo y Billy con baja voz soltó – Lo mismo de siempre. Una guerra civil. Si matan al tipo no hay guerra civil. No hay nadie a quien salvar.

- ¿Cómo lo sabes?

- Me lo dijo Marcos.

- ¿Qué más te dijo? – preguntaba Marc revisando su tableta para captar señal y ver qué dicen las redes sociales.

- Que en el Caribe las ideas no duran mucho. Es distinto al mundo musulmán. Que la gente solo quiere gozar y que, si matan a un tirano, pasan página rápidamente. Solo eso.

Marc se le quedó viendo, sopesando lo dicho y entonces Billy siguió – Marcos me comentó que esto ya había pasado en el 2002 y varias veces. Cada vez que estos tipos están acorralados juegan sucio y luego hacen purgas, matan gente, torturan, se atornillan más. Aprovechan cada negociación para seguir en el poder. No lo van a abandonar, así como así.

- Es decir, que, si estos paracaidistas se ven sorprendidos por los rusos, restauran al tipo este, seguramente serán torturados o ejecutados – dijo Marc concentrado en Billy en cuclillas frente al equipo que ahora Billy revisaba.

- Así es – dijo Billy calculando la carga de las baterías de las cámaras.

- Bueno. Nosotros solo venimos a relatar lo que pase. No es nuestro negocio – dijo Marc levantándose ante el retorno del teniente.

Este les dio agua. Los dos bebieron cuidadosamente unos sorbos. No sabrían cuando volverían a tomar agua con toda la sed que tenían. Había que guardar un poco con el calor apretando.

El teniente les dijo – No puedo garantizar su seguridad, pero sí sería bueno que estuvieran tomando nota, pero siempre bajo mis órdenes. – Miró hacia los lados y los apartó un poco más bajando la voz para que no escucharan sus hombres - La situación es compleja. Nos dicen que una compañía de la Infantería de Marina viene hacia acá. Es hostil. Detrás vienen unos negociadores. Nada fiables. Curas, empresarios y esas cosas. Todos amigos del presidente. No me da buena espina. – Guardó silencio y luego siguió. -Para que registren entre sus notas a sus noticieros y no sé si saben, pero hay unidades que están con el tipo ese. Desde Fuerte Tiuna me han dado dos órdenes: una la de ayudar a la comisión negociadora y la otra eliminar a este tipo. Puedo hacer ambas. He pensado al respecto, pero también he podido ver rápido que ustedes son reporteros reputados. En internet salen como los mejores corresponsales de CNN en sitios de conflicto. Entonces – dijo mirando a los ojos a cada uno con algo de desconfianza con un aire a Benicio del Toro como luego recordó al contarme esto Marc - ¿Qué me recomiendan ustedes según su experiencia?

Marc y Billy se miraron y luego miraron al teniente. Marc respondió – No es nuestro problema. Nosotros contamos la historia. No hacemos la historia.

- Hacer la historia…- susurró el teniente y miró hacia el mar – hacer la historia – repitió y se quedó pensativo viéndolos.

- Tomen nota mental y por ahí supondrán mi decisión. Mis soldados y yo estamos hartos de comer mierda. No nos hicimos militares para esto. Tampoco somos socialistas ni esas mierdas. Nos gusta Chávez y la justicia social, pero no esta mierda – dijo señalando hacia abajo y luego a los alrededores- quiero algo mejor – remató rascándose la cabeza como si dudara algo y luego siguió – pero la vaina será heavy, dura si masacramos abajo. Podemos hacerlo. Tengo la orden. Si cumplo la otra les diré qué pasará. Por matar estos soldados de Casa Militar, los de Casa Militar cuando sea restaurado el tipo este, al principio no dirán nada, pero luego me meterán en una lista negra a mí y mi familia. Me joderán la vida y la de mi familia. Estos no perdonan nunca. Si cumplo la orden de masacrarlos y resuelvo la situación de que ya no hay presidente por el cual luchar, entonces yo seré probablemente un héroe o al menos me tendrán en mejor estima de cara al futuro. Pero esa parte es lo que menos me importa. Lo que más me importa es que hay que barajar el juego. Este tipo ya está preparando al hijo para una dinastía. No abandonará nunca. Nos depurará y se quedará para siempre volviendo esta mierda un Haití. Y no quiero eso.  ¡Suárez! – ordenó – llama a los sargentos. Vamos a tomar esa mierda.

El soldado esbozó una sonrisa y salió corriendo a cumplir la orden.

Comenzaron a bajar los dos detrás de la compañía. Tenían francotiradores, pero a la orden del teniente fueron eliminados desde la altura universidad. El fuego de mortero abrió una brecha y el tiroteo fue impresionante. Los paracaidistas no se detenían. Los corresponsales se quedaron atrás porque el fuego intenso no les dejaba seguir. Se movieron con los artilleros y pasaron el perímetro. El fuego crecía y entonces vieron como unos soldados de Casa Militar se rendían y se frenaba la vanguardia ante unas escaleras que bajaban. Por radio sonaba la orden para los artilleros de que se acercaran porque el explosivista estaba herido y no podía volar la puerta. Marc y Billy detrás de ellos. La señal no les iba bien para transmitir vía satélite, así que llamaron y comenzaron a relatar lo que estaba ocurriendo en inglés. Billy grababa las imágenes. Ya no había resistencia y se pusieron detrás de la vanguardia. Cuando voló la puerta varias ráfagas salieron del sótano y cayeron varios soldados. Lanzaron 4 o 5 granadas y entraron. El tiroteo fue intenso y luego se hizo el silencio.

Todo fue muy rápido. Entraron Marc y Billy siguiendo la tradición honorable de los corresponsales de guerra de llegar junto a los soldados. En la medida que iban entrando en medio del ruido de órdenes, veían como iba ascendiendo el rango de los militares muertos hasta que se encontraron con civiles. Billy le dijo a Marc – realiza una video llamada y transmite – Marc reaccionó rápido y pudo captar señal incluso mucho mejor que arriba. 

Comenzó a transmitir, pero cuando en Atlanta vieron que era una carnicería cortaron el material en vivo. Era mejor editarlo. El teniente estaba herido en el hombro, pero seguía en pie a la puerta de una habitación. – Aquí están – dijo señalando como un botones de hotel indicándoles la entrada de una habitación – murieron por las esquirlas de las granadas. El bunker exageró el efecto – dijo quejándose de la herida mientras le comenzaba a vendar un soldado – tomen fotos antes que los saquemos. Ya tienen su portada. Espero.

- ¡Mi teniente! – gritó un soldado desde la puerta del bunker - ¡Mi teniente!- repitió.

- ¡Diga!

- Llamada del ministro de la defensa. Solo se puede agarrar señal acá.

El teniente salió y Marc detrás de él para ver qué podría captar. El joven teniente escuchó luego de dar el parte y le pasó el teléfono al soldado. Miró a Marc y le dijo – quiero unas fotos ya para transmitirlas al mando ¿Me ayudas con esas? Ah- levantó un dedo- Ideas mías. Para mi protección y evitar enfrentarnos sin munición a la infantería de Marina ante la duda de los altos mandos en decir las vainas claras, transmite en vivo los cuerpos de esas ratas. Que sepan que se acabó- dijo retirándose, dando órdenes de ayudar a los periodistas.

Los soldados acomodaron los cuerpos de Maduro, su esposa y su heredero, en fila. Comenzaron Marc y Billy a transmitir en vivo con la promesa de no mostrar sangre haciendo todo lo contrario. En un giro de cámara mostraron los cuerpos y relataron la noticia. El teniente vio todo desde lejos y levantó el pulgar.

Unos rotores sonaron a lo lejos. Todos se alertaron – Los rusos – dijo Marc. Vio al teniente y se dirigió hacia él – recomiendo ponerse a resguardo. Son rusos.

- ¿Rusos? ¿Cómo sabes? – preguntó el teniente.

- Experiencia – mintió Marc. -Mejor bajar al bunker y protegerse de su fuego.

El teniente dio la orden de bajar los cuerpos y de replegarse en el perímetro con toda la munición posible – No bajaremos al bunker. Los cuerpos sí. Nosotros no moriremos enterrados con esas mierdas- dijo señalando con el mentón a los cuerpos que iban con los brazos colgados de nuevo a su tumba inicial. Costaba recoger el de Maduro. Pesaba demasiado.

Billy se quedó grabando el acercamiento de tres helicópteros rusos y cómo giraron en torno a la zona de desastre con todo su poderío. Se podía ver la cara de las tripulaciones. Frías. Inexpresivas. Rusas. Los soldados venezolanos estaban dispuestos a responder, aunque sabían que tenían la desventaja. Había algo en ellos que sacaba destellos de glorias pasadas. Se sentían patriotas o algo así. Marc había visto eso antes. La moral era elevada. Como si se hubiesen quitado un peso encima. Marc alejado de Billy que grababa y atento a lo que decía el teniente bajo techo del casino del club presidencial. El joven oficial observaba con atención a los helicópteros que daban su tercera ronda mientras recibía la noticia que lo transmitido por CNN había parado a la infantería de marina y comenzaban a pacificarse las rebeliones que venían surgiendo. Marcos tenía razón. La situación parecía estabilizarse. El teniente afirmaba para sí pensando sin decir nada más y atento a la vez a la cuarta vuelta de los helicópteros rusos. Entonces uno de ello giró hacia el nordeste seguido por los otros dos retirándose de la costa.

Billy pudo grabar el momento y los vítores y abrazos entre los soldados.

- Se ha acabado. – Dijo el teniente – Ahora a comenzar de nuevo – y se retiró caminando lento como si fuera a resolver algún problema doméstico. Marc lo siguió con la vista. Iba a la playa. El teniente llegó a ella. Se sentó en un tronco de algún viejo árbol que llegó allí hace décadas por los deslaves, se agitó ligeramente y Marc comprendió que había comenzado a llorar.

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