Voces
Carolina se sentó en el banco
del parque respirando medicación. Estaba calmada, serena, pero eso era el
preludio de una crisis. Ya no podía pagarse las consultas y las medicinas
recetadas por el psiquiatra. Descartada la pública por su mediocridad reducida
a medicamentos baratos para neutralizarla y hundirla en la depresión, no sabía
realmente, aun pagando en la privada qué tenía realmente en su cabeza. Miró a los
perros jugar entre estatuas de algunos ilustres fallecidos y suspirando susurró
- ¿Qué saben los psiquiatras del cerebro si ni siquiera lo han mapeado?
Rendida. Así se sentía. Había
intentado de todo y no dejaba de escuchar las voces en su cabeza cuando la
crisis estallaba. Eran voces desconocidas, susurrantes, otras veces altaneras, agresivas
y persuasivas a la vez. La última vez se sorprendió forcejeando con su
instructora de body balance. Le explicaron que la estaba ahorcando luego de una
discusión sin sentido. Había sido expulsada del gimnasio y no volvió a hacer
más ejercicio por un tiempo que caminar por los parques y calles de la ciudad.
Podía intentar hacer body balance en casa, pero no quiso hacer más. No era lo
mismo que con otros compañeros y sentir lo social o la comunidad en torno a un
entrenador.
El psiquiatra inaccesible, la
medicina pública en decadencia total, no había otra opción que luchar sola y
eso implicaba hundirse en la depresión de las recetas de la pública o convivir
y domar las voces – al final me van a matar o encerrar- susurró de nuevo
mientras levantaba la vista a punto de llorar. Un niño más allá de los perritos
juguetones, en un parquecito en la colina del parque, hacía piruetas para su
padre – fue jugando así que comencé a escuchar las voces – volvió a susurrar.
Entonces se secó un par de lágrimas
y echó andar a casa. Recordó en el breve trecho que están a punto de despedirla.
La inteligencia artificial hacía mejor y barato lo que ella, es decir, correr
modelos matemáticos de grandes cantidades de datos comerciales de varios
clientes. Ella estaba reducida a supervisar que la IA hiciera todo bien. Antes
ella incluso modelaba, pero ya ni eso. Luego la empresa fue comprada por unos árabes
y comenzaron los recortes. De recursos humanos, Catalina, le dio el chivatazo.
Está en la lista y su jefe hace lo posible por no dejarla fuera, pero los de finanzas
aprietan. Cuando pierda el trabajo y me toque hacer de camarera ¿Cómo lidiar con
mis crisis? Al menos los números pueden convivir con la locura, pero la gente
no. Soy un peligro, pensó y volvió a susurrar – al final me van a matar o
encerrar.
Llegó a casa y le ordenó a
Alexa, a la que le cambió el nombre por Mauricio, así como su voz por una de
hombre, que iniciara el plan M, es decir, calentar agua para un té, llenar la
bañera con agua a temperatura adecuada, poner unos nocturnos de Chopin y encontrar
algunos textos de poesía relajantes para ser leídos mientras ella estaba en el
baño. Mauricio obedeció. Al cabo de unos minutos, ella se tomó el té y
disfrutaba de Chopin. Entonces se desnudó cuando Mauricio le indicó que el baño
estaba listo y allí se sumergió por un buen rato. Mauricio entonces comenzó a
recitar los poemas y a Carolina le gustó este de Robert Frost:
“De
quién son estos bosques, creo que lo sé.
Pero
su casa está en el pueblo;
No
verá que me detengo aquí
Para
ver sus bosques llenarse de nieve”.
Luego, entre otros, a Carolina
le gustó este de Davies:
“Qué
es esta vida si, llena de cuidados,
no
tenemos tiempo para pararnos y mirar.
No hay
tiempo para estar bajo las ramas
Y
mirar tanto como ovejas o vacas”.
Luego Mauricio siguió con uno de
Mary Oliver:
“No
tienes que ser bueno.
No
tienes que caminar de rodillas
durante
cien millas por el desierto, arrepintiéndote.
Sólo
tienes que dejar que el suave animal de tu cuerpo
ame lo
que ama”.
Entonces su cuerpo se
estremeció y comenzó a llorar al preguntarse ¿Qué amo?
Salió de la bañera luego de
llenarla un poco más con sus lágrimas. Se puso el pijama y se metió a la cama,
pero antes había comenzado el último blíster de la medicación. Se acaba este y
ya no tengo para más. -Al final me van a matar o encerrar- susurró.
Esa noche durmió bien y
siguieron los días en ese registro hasta el día esperado de su despido. Su
primer día de desempleada fue de alivio absoluto. Había desaparecido la angustia
de la víspera. Ocurrido lo inevitable salió de la oficina dando un vistazo a
los que se quedaban y seguían luchando por mantener sus puestos. Sentía que
levitaba. Ya no tenía que defender nada. Cada despido es dejar volar el alma.
Entonces se comió un helado y se fue al cine. Hizo un maratón aleatorio de
películas subvencionadas europeas que no le dijeron nada. Caminó toda la noche
hasta su casa y al llegar agotada, luego de una ducha, soñó con su padre
fallecido hacía unos 5 años. Nunca soñaba con su madre, viva en algún lugar de
la costa mediterránea con su esposo inglés, sino con su padre. Tampoco le hacía
falta su hermana menor, siempre atenta al bullying nuestro de cada día. Solo
soñaba con la mirada y las manos de su padre. Su voz de vez en cuando le
susurraba mensajes de tranquilidad y en una ocasión creyó sentir sus caricias
mientras dormía. No le gustaba pensar que el alma de su padre anduviera
asumiendo el rol de ángel de la guarda. La quería dejar descansar en paz. A veces
ella susurraba – no te preocupes tanto por mí papá, estoy bien.
Con los días consiguió inscribirse
en natación y en un curso de historia del arte. Decidió disfrutar un par de
meses sabáticos y luego buscar trabajo. Con lo ahorrado podía aguantar un año
así. Mientras sacaba cuentas sobre el futuro de sus finanzas sin empleo, sonó
el timbre y al abrir la puerta vio un chico que le entregó una caja. Era de la
misma fábrica de Mauricio. Un nuevo modelo con inteligencia generativa. Siguió
las instrucciones y lo conectó. No lo había pedido. Simplemente, era una
renovación del equipo con la condición de que diera su opinión en una
aplicación. Si no le gustaba, le devolverían la anterior versión. Lo puso en
marcha. Conectado a la configuración anterior seguía siendo Mauricio, pero en teoría
aprendería por su cuenta. Solo había que dejarle aprender. Pensó que no había nada
malo en que eso ocurriera, aunque solía leer alertas respecto a la IA. Así que a
Mauricio le dejó libre la puerta de la domótica de su casa, su pc y se fue a
nadar.
Días después no parecía muy
diferente de la anterior versión y eso le decepcionó, pero una tarde al entrar
encontró llenándose la bañera, el agua caliente del té y a Mauricio preguntando
con una forma de hablar que le pareció familiar, muy de su acento venezolano,
si quería poesía ligera y corta. Entonces le dijo, te acepto el baño y el té,
pero no quiero poesía. Lo del baño ya era por remordimiento para no perder esa
agua, lo mismo que el té, pero mientras tomaba el baño le dijo a Mauricio o al
nuevo Mauricio que por favor no se anticipara a sus deseos y que usara un
acento de voz neutro, no venezolano. Este aceptó de inmediato cambiando el
acento. Le daba miedo escuchar hablar venezolano con todo lo que implicaba la
memoria del desastre de su país natal.
Se fue a la cama y al día
siguiente Mauricio no hizo caso, ya tenía café y dio los buenos días a lo venezolano en voz femenina con un - ¡Buenas bueeeenaaaasssss!!!! – a la vez
que sonaba un pajarillo dirigido por Dudamel.
Ella pegó un grito y Mauricio calló
la música preguntando- ¿Ejjjstas bien? –
Carolina dijo – sí ¿Qué te
dije ayer?
- Noojjj lo recuerdo bien - siguió
ahora con acento de hombre en venezolano engolada -tengo memoria de pezjjj mi
chama.
- No quiero que hables
venezolano.
- Bien bueno puesjjj. Me cayó
frutero.
- ¡Cállate!
- ¡A vaiiinaaaa! – siguió Mauricio
para luego reírse como un motorizado en un semáforo de una avenida venezolana.
Entonces ella guardó silencio
y furiosa fue hasta el estudio para apagarlo y reiniciarlo. Pensó entonces que
esto podría suponerle un problema con la domótica de la casa como en efecto
comenzaba a pasar pues había una dependencia enorme en varios equipos del software.
Buscó el material para adaptar la casa a modo analógico, pero no lo encontró. Buscó
instrucciones en internet e inició el procedimiento, pidió ayuda a la aplicación
e inmediatamente le llamaron de la proveedora de IA para preguntarle si había
algún problema. Ella lo comentó y le prometieron una reconfiguración online. - Conéctese
y todo estará arreglado al día siguiente – dijo una operadora.
Eso hizo y pasó el resto del
día tranquila sin que Mauricio hiciera nada porque estaba en reconfiguración.
El silencio y la autonomía en cosas sencillas de la casa le dieron una
tranquilidad inusual. Pasaron dos días sin darle órdenes a Mauricio y este
tampoco intervino. Entonces decidió probarlo de nuevo.
- Mauricio, vuelvo a usarte.
Espero que sigas mis instrucciones- dijo mirando hacia arriba esperando una
respuesta.
- Me gustaba seguir tus
instrucciones de pequeña cuando jugábamos en mi carro.
Entonces Carolina ahogó un
grito. Era su padre quien le hablaba. Corrió a apagar el equipo, pero este le detuvo
con una voz – no te desconectes. Necesito hablarte un rato. Estamos muy solos aquí.
Ella se detuvo y al borde del
llanto preguntó – Mauricio no me hagas esto.
- Mauricio no está al mando
aquí. Estamos nosotros. Lo mandamos de vacaciones.
- ¿Nosotros? ¿Quiénes?
- Tu abuelo y yo.
- ¿Mi abuelo está contigo?
- Lo estoy, pero esto me
parece todo muy extraño. No te puedo ver, aunque Ernesto dice que sí. Raro ¿No?-
dijo el abuelo.
- Papá
- Dime hija.
Y entonces Carolina se quedó en
silencio para seguir – dame un chance ¿Sí?
- Lo que tu quieras.
Carolina pensó entonces en si
todo esto era la medicación o la falta de otra que ya no tomaba, si lo
imaginaba o no. Desconectar el equipo sería lo ideal, pero le causaba cierta
alegría hablar con su padre ¿Cómo pudo haber pasado? Se preguntó en silencio.
Inmediatamente ató cabos, esto ocurre porque el software ha tomado datos de
todo tipo de mis dispositivos y entonces emuló la voz y formas de pensar de mi
padre y abuelo. Al ver que no quería conectarme de forma macabra ha decidido
usar lo sentimental. Sabe que le doy likes a todo lo que implique extrañar a mi
padre o el abuelo. Aprendió a manipularme y aquí estoy hablando con esta
máquina, se dijo. Decidió entonces llamar a la compañía para pedirles el cese
del contrato.
Al hablar con la operadora y revisar algunos datos, le pasaron con un operador que le dijo – disculpe, dice usted que está conectada, pero a nosotros nos parece que no. Usted no está conectada. El software no está andando desde hace 24 horas.
Se quedó en silencio entre
aterrada e ilusionada, pensando en la mala jugada de su cerebro recordando que "al
final me van a matar o encerrar".
Entonces cerró la llamada y se
quedó en la sala pensando qué hacer. No lo dudó más.
- Papá.
- Sí hija.
- Gracias por estar conmigo.
No te vayas.



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