Los inmigrantes de Maguncia
No estaban seguros de los
niveles de radioactividad que podrían tener encima. El hongo de una pequeña
bomba nuclear lanzada como advertencia por parte de Putin en una base militar
del oriente de Alemania, los apagones, el hackeo de algunos sistemas, el
bombardeo con drones iraníes, la aparición de saboteadores por su vecindario a
los que se les unieron antiguos refugiados sirios y el avance rotundo de las
tropas rusas no sin algo de débil resistencia en Polonia les hizo huir hacia el
oeste. También como Ray (ver el inmigrante de North Carolina), tenían gente en
España. En distintos puntos, en Llança, Barcelona, Madrid, Toledo y Cádiz.
España no había sido tocada, pero comenzaba a recibir más refugiados de Europa
Central y Oriental. Era el extremo al que sospechaban no sería campo de
batalla. Los americanos que habían emigrado meses antes veían pasar la caravana
de europeos centrales atónitos. Estábamos en guerra mundial. La tercera y pasó
como en la primera, así como así, sin ser esperada más allá de las teorías de
conspiración.
No me gusta ser pesado
contando la historia, pero tengo que poner contexto. Todo comenzó cuando
Estados Unidos, China, Rusia y UE decidieron romper el viejo equilibrio
instaurado por Kissinger en 1975. En aquel entonces, OTAN tenía un solo enemigo
que era la URSS. Para hacer equilibrio de poderes, ayudaron a fortalecer a
China con la intención de que Moscú tuviera dos frentes. No olviden que no eran
muy amigos. Encima Rusia siempre ha estado fastidiando con su eterno
expansionismo. Nunca se cansan esos idiotas acomplejados o al menos sus élites.
Como no pueden resolver sus problemas, pues se expanden, pero no me alargo en
esto. Sigo. Entonces ocurrieron varias cosas con la llegada al escenario del
poder global personajes como Trump, Xi Jinping, Putin y los pusilánimes de
Bruselas. Estados Unidos decidió ir contra China. Se rompe el equilibrio. Es
una política bipartidista, pero quien lideró fue Trump. Al ser una democracia,
Trump que decidió armar doble frente usando Rusia contra China, al llegar al
período de Biden ese doble frente en germinación se rompe otra vez, pero Biden
decide mantener el ataque al tiempo a China y Rusia. En menos de 10 años Rusia
dejó de estar ante dos frentes, para convertirse en parte de un frente con lo
cual iba aprovechando para expandirse. Luego, China que estaba en dos frentes,
cuando llega Biden y decide atacar a Rusia pasa a ser parte de otro frente o
liderar otro frente. En pocas palabras, Estados Unidos y su apéndice europeo,
pasaron de estar armando un doble frente a Rusia, luego a China a armar por error
un doble frente a sí mismo. Estados Unidos y Europa ahora tienen un frente con
China y otro con Rusia. Es normal en democracia caer en este tipo de disparates.
Si bien el sistema tiene el don de la resiliencia, para tomar decisiones tiene
serios problemas de coordinación y motricidad. Espero no se aburran en este
punto. Volvemos a nuestro relato.
Estando atrapados en esos dos
frentes y Estados Unidos en guerra civil. China aprovechó y tomó a Taiwán amenazando
al tiempo a Japón. Rusia aprovechó que Europa todavía está pensando en
amarrarse o no los zapatos y si sale al campo de batalla, para lanzar una
ofensiva sobre sus antiguos territorios en Báltico y Polonia. Y es así como los
refugios que le quedan al mundo occidental desarrollado es la península Ibérica
e Iberoamérica. África cundida de rusos y gente resentida no lo es. Tampoco
Oriente Medio. Mucho menos otras regiones. La paz solo habla español y
portugués. Otra vez. No olviden el siglo XX solo que ahora es a lo bestia.
Los alemanes de Maguncia son,
como el americano Ray, viejos amigos. Llegaron en caravana. Están tan
desconcertados como cuando llegó Ray y nosotros que ya estamos en crisis
económica por la guerra civil americana, pues damos toda la solidaridad
posible. No es fácil. Lo era más cuando llegaron los americanos. Con estos la
cosa se complica. Es aquí cuando uno entiende el milagro de la Unión Europea.
Los europeos en el fondo no se soportan entre sí. Cada uno hijo de su tribu
tiene un sentido de superioridad insoportable. Sin Champions, sin ligas de
fútbol, sin Eurovisión. No hay manera de que estos se soporten entre sí.
Para los americanos, los europeos
centrales o los que habitamos la península siempre salta la misma pregunta ¿Qué
hacer cuando el mundo se derrumba? Habría que acudir a las memorias de los
bisabuelos de las guerras del siglo XX. Pasa por enésima vez.
La esperanza que hay es que
termine la guerra en Estados Unidos y estos se ponga a la labor de rescatar al llamado
mundo libre, pero eso está lejos de ocurrir. Nos toca solo a nosotros.
Contingentes de españoles voluntarios marchan al frente que no se sabe bien
dónde está mientras van llegando refugiados. Hay otra guerra civil de bajo
registro o silenciosa en España y es contra los musulmanes del Magreb. Es más
fuerte en Francia. Estos se han dado a la labor, no se sabe si coordinados por
Moscú o Irán que también entra en el frente contra Europa, de sabotear la vida
dentro de Europa. Los recuerdo hace años burlándose del pasaporte europeo
obtenido. Ahora, han entrado en acción. No todos, pero sí una importante minoría.
Luego eso ha chocado con otra realidad ¿Recuerdan los americanos que no se han
quitado de encima una pistola del cinto? Bueno, pues se las han arreglado para
conseguir armas y la Guardia Civil no sabe cómo detener el tráfico de armas. El
resultado es que magrebí que se mete en la propiedad de un americano o incluso
alquilada, desaparece. Se escuchan detonaciones y luego la persona que andaba
intentando robar u ocupar una casa ya no se le ve. No han encontrado sino dos
cuerpos que fueron desenterrados por una riada. Está claro que los americanos
están haciendo por su cuenta el trabajo que no hace el Estado español y eso
agrada a no pocos españoles. Así que, contrario a Francia pues allí no han
emigrado tantos americanos, en Portugal y España la situación de los magrebíes
está bajo control. Al principio, no era tan notorio lo de los americanos
armados pues los que se están peleando en Norteamérica son precisamente los que
tienen las culturas de las armas, pero algo les hizo ver a estos inmigrantes
norteamericanos que era necesario un retorno a la costumbre de sus ancestros
del viejo oeste.
Los alemanes de Maguncia
observan todo paralizados. No quieren luchar, pero tampoco quieren vivir en
España. Necesitan volver a su vida introspectiva y su falta de sol. Estar en
España para ellos es abandonar sus costumbres. No están tan acostumbrados al
buen tiempo. Solo lo relacionan con vacaciones. Luego se quejan por la ecología
y la inclusión. Todavía con el culo cagado por los tiros piensan en eso. Los
españoles que comen embutidos desde sus balcones y porches observan con
curiosidad la preocupación germánica. Extremistas para lo bueno y lo malo,
juzgando como luteranos para arriba y para abajo. No muy distintos a los
americanos puritanos. El español que les recibe solo quiere que los dejen con
sus movidas. Sus ritmos. Sus formas de ver la vida. Sus trincheras. Hay un
choque de átomos cognitivos en todo esto de recibir refugiados. Culturas van y
vienen en un caos sin final, pero se terminan equilibrando.
Rusia no avanza mucho más de
lo prometido, pero detrás hay millones de orcos, como les llaman los ucranianos,
forzados por la represión putinesca. O atacan al oeste o si regresan serán
fusilados. Nada nuevo. Stalin o Lenin reencarnado. China ha tomado Taiwán, pero
India aprovecha ese momento para reforzar algunos puntos de la frontera en
común. Pakistán hace lo suyo y un accidente nuclear hace que sobre la misma
Corea del Norte estalle una bomba en pleno lanzamiento de prueba de un misil
haciendo inhabitable parte de la península y lloviendo radioactividad en Corea
del Sur con lo que supone un trauma mayor.
La guerra mundial hace que
todo el mundo al final en España sienta la necesidad de tener más tardeo y
fiesta y trasnocho que rehacer su vida. Solo se resisten mis amigos de
Maguncia. No están bien. Los americanos van más adaptados sin perder su
identidad, pero los de Maguncia van rumiando el exceso de sol, la ausencia de
deber ser.
En un mundo así, España y
Portugal lucen como los refugios festivos de la irracionalidad política.
Latinoamérica va cumpliendo esa labor, aunque con más inseguridad y
dificultades. Cuando el primer mundo se mata, se cumple un ciclo de depuración
como en las mafias y es que así son los circuitos del poder. El poder lo carga
el diablo y el dolor en los mortales está en que conservan todavía las esperanzas.
Vivir es doloroso. Afortunados podrían ser los muertos, pero en las calles de
los pueblos españoles con licor barato y buen tiempo, ajeno a las bombas, hay
algo que les hace sonreír y les conforta. Algo que les dice, después de todo, seguir
vivo no está mal.



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